Efectúan ceremonia tradicional en la Ceiba

Palabras del Dr. en Ciencias Históricas, Félix Julio Alfonso López, Historiador adjunto de la OHCH, en la ceremonia de la ceiba, la víspera del cumpleaños 501 de la otrora villa de San Cristóbal de La Habana

Habaneros, cubanos:

La Habana llega a su Aniversario 501, con una extraña mezcla de alegría y tristeza. Alegría por arribar a un año más de vida, en la ya prolongada existencia de esta populosa urbe de cinco siglos, etapa que ha estado marcada por enormes desafíos, compartidos con el resto de nuestro pueblo, que ha sabido resistir estos meses difíciles de pandemia, dificultades económicas y arreciamiento del bloqueo estadounidense.

Pero también nos ha dejado la tristeza de la desaparición física de quien fuera el más grande de sus amantes y salvaguardas: Eusebio Leal Spengler, quien de sus 78 años de vida dedicó más de cincuenta a enaltecer la historia, la cultura, la arquitectura, la música, las artes, la literatura y el patrimonio todo de su querida Habana.

Desde su lugar inicial de trabajo en el Palacio de los Capitanes Generales, a donde llegó con apenas 16 años, convertido luego en Museo de la Ciudad, Eusebio recogió las enseñanzas de quien fue su maestro y predecesor de feliz memoria, Emilio Roig de Leuchsenring, y venciendo obstáculos y desafíos, proyectó la obra de la Oficina del Historiador de La Habana hacia horizontes culturales cada vez más originales y trascendentes, en función de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Eusebio fue un apasionado defensor del concepto de que solo la cultura era capaz de salvar al ser humano, y que todo lo que se hiciera sin su brújula emancipadora generaría decadencia. Fue espléndido mecenas y protector de las artes y las academias y desprendido benefactor de los humildes, los ancianos, los niños y los enfermos. Fundó decenas de museos, casas-museos, laboratorios, teatros, escuelas y talleres, siempre con el pensamiento de dejar un legado de belleza y crecimiento espiritual para las futuras generaciones.

Creador por excelencia, Eusebio lega a Cuba no solo la magna labor de la Oficina del Historiador, sino su participación eminente en otras instituciones y fundaciones, a las que aportó el sello particularísimo de su entusiasta personalidad. Orador vehemente, hombre culto en el sentido más cabal del término, criatura sensible y pundonorosa, fue Eusebio, en un sentido superior, intelectual orgánico de la Revolución Cubana.

Como historiador, además, fue un convencido cespedista, martiano y fidelista y nadie hizo tanto como él por redimir a los héroes olvidados, restaurar los monumentos derruidos y enaltecer la memoria de luchas y sacrificios del pueblo cubano.

Por eso su tumba, que se convertirá en lugar de peregrinación y culto sincero de todos los que aman a Cuba y a su historia, está cubierta con la tierra sagrada de Jimaguayú, San Lorenzo, Dos Ríos, San Pedro y Birán, uniendo en un solo haz telúrico los símbolos supremos de los padres fundadores de la nación.

La Habana, esa ciudad mágica, maravillosa, multicolor y bulliciosa, le da la bienvenida a un nuevo aniversario con sus gentes humildes, trabajadoras, hospitalarias y nobles, empeñados en hacer de la urbe un lugar más hermoso, cordial, habitable y sostenible.

La Oficina del Historiador, de conjunto con el gobierno y el partido de La Habana Vieja y otros territorios, aporta su contribución al desarrollo local, al mantenimiento de las escuelas y hospitales, al adecentamiento y la limpieza de los lugares públicos, el enfrentamiento a indisciplinas e ilegalidades y a la construcción de nuevas viviendas, problemas todos de gran sensibilidad y urgencia para sus habitantes.

Dentro de pocas horas, serán inauguradas un grupo de obras de gran alcance cultural y social, entre ellas cabe mencionar el edificio de viviendas para los médicos en las calles OReilly y Mercaderes; el Museo del Chocolate; la Casa Museo dedicada a Eusebio Leal en el lugar que ocupó su última oficina; el mural de Hipólito Hidalgo; el Museo del Automóvil; el aula de plomería de la Escuela Taller y la Casa Museo del Vedado.

Este es el mejor homenaje que podemos hacer, cada uno desde nuestro ámbito específico de labor, para saludar el cumpleaños de la Habana. De esta manera estamos honrando también la memoria de tantos habaneros ilustres personalidades muy significativas del devenir histórico cubano, como el carpintero tallador José Antonio Aponte; el sacerdote y patriota Félix Varela; el pedagogo José de la Luz y Caballero; el bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales; el poeta y educador Rafael María de Mendive; el afamado músico Ignacio Cervantes, el orador y patriota Manuel Sanguily y el más glorioso de sus hijos, el apóstol de la independencia José Martí.

Como dijera justamente Martí: “El que conoce lo bello, y la moral que viene de él, no puede vivir luego sin moral y sin belleza”. Y Eusebio Leal fue un discípulo aventajado de aquella doctrina. En este sentido apuntó, como el gran intérprete que fue del tiempo histórico que le tocó vivir, que no se podía “Convertir en consigna o en esquema grabado en lápida algo tan serio como aspirar a un socialismo próspero y sostenible. ¿Cómo puede ser próspero y sostenible nuestro modelo, si no se desatan las manos de la creatividad, si no se establece un diálogo perenne con la realidad?”.

La ciudad que hoy cumple 501 años tiene el deber de ser creativa, original y realista para poder ser próspera y sostenible. Y no hablo solo del Centro Histórico, que una vez fue la metrópoli toda, sino de las múltiples centralidades que abarcan su territorio: el Cerro, Diez de Octubre, Regla, Guanabacoa, Marianao, Playa, San Miguel del Padrón, Boyeros, La Habana del Este, en fin, todos y cada uno de sus municipios, localidades y barrios, cada uno con su propia identidad y su propia historia.

Se trata entonces de llegar a las verdaderas esencias de esa belleza oculta en el eclecticismo de los edificios, la diversidad de razas y credos, el colorido de los vestidos, la riqueza de las tradiciones y el cosmopolitismo de las calles habaneras.

Pero no para hacer de esa formidable herencia material e inmaterial una decoración vacía o una escenografía para el turismo, sino la verdadera razón de ser de su patrimonio vivo y actuante, transformador y revolucionario, como fue el sueño de Eusebio Leal para La Habana Vieja. Y no se creyó que era el ombligo del mundo, también llamó a conocer y desentrañar, sin copias empobrecedoras ni mimetismos estériles, las mejores experiencias restauradoras en otras ciudades de Cuba, Latinoamérica y el mundo.

Siempre dijo que le harían falta varias vidas para ver cumplido su sueño de la restauración del Centro Histórico, y luchó cada minuto porque cada obra se hiciera con la calidad y la dignidad de que era merecedor su pueblo.

Por eso el día de su partida física, no hubo para el Ángel que se volvía inmortal, mejor saludo que las sábanas blancas colgadas en los balcones que cantó el poeta. Arropado en ellas, como un manto de estrellas, nos convoca y alienta.

 

Gloria Eterna a la memoria de Eusebio Leal.

Gloria eterna a La Habana.

16 de noviembre de 2020

Deje su comentario