Una sala para la perpetua memoria

Por Evelyn Fernández

Ubicada en el mismo espacio que ocupaba el almacén o depósito de la ferretería de Isasi y Compañía S.A, en la intersección de las calles Mercaderes y Lamparilla, se encuentra hoy la Sala de Bomberos, un área que rinde tributo a las personas que perdieron la vida en un incendio ocurrido el 17 de mayo de 1890.

Yarelis Infante, directora de la Sala de Bomberos, explicó en entrevista para el Programa Cultural, que el inmueble ha tenido múltiples usos desde el siglo xviii, cuando solo era una parcela ocupada por una vivienda cubierta de tejas y accesorios comerciales en la planta baja. Reveló que en 1814 fue adquirida por el Monasterio de Santa Teresa de Jesús, que a finales del siglo xix realizó una reconstrucción en la que se le colocó una cubierta plana de azotea, lo que transformó su aspecto colonial primitivo. “Ya en 1919 las religiosas venden la propiedad y los nuevos dueños la remodelan y amplían, construyéndole un piso alto. En 1924 adquiere la apariencia constructiva que se visualiza en la actualidad y es usada para albergar comercios y oficinas”, mencionó.

Por su parte, Edith Aguado, especialista en museología, recordó que en la década de 1990 la edificación, ubicada en la esquina de Mercaderes y Lamparilla, fue sometida a un proyecto de restauración integral, ejecutado por los especialistas de la Oficina del Historiador.

En el incendio de la Ferretería Isasi, en 1890, murieron 39 personas, de ellas 26 bomberos. En ese sentido, la museóloga destacó que este espacio fue declarado Sitio Histórico por la Comisión Nacional de Monumentos, a la vez que hizo alusión al Mausoleo que se encuentra en el Cementerio de Colón, construido como reconocimiento al noble sacrificio y abnegación heroica de esos hombres. “Por decisión del Ayuntamiento de La Habana e iniciativa popular, se hizo una colecta para hacer un monumento a los bomberos caídos. El mausoleo, realizado por el escultor catalán Agustín Querol y el arquitecto Julio M. Martínez Zapata es de mármol blanco y muestra cuatro figuras de tamaño heroico que simbolizan la Abnegación, el Dolor, el Heroísmo y el Martirio. Fue inaugurado el 24 de julio de 1897 y es considerado el monumento funerario más alto que tiene el cementerio.”

El espacio conmemorativo de la calle Mercaderes fue inaugurado el 17 de mayo de 1995 por la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH), como reconocimiento a esas valerosas personas que a través de la historia no vacilan en arriesgar sus vidas para proteger a otras. “Desde 1891 y hasta nuestros días, cada 17 de mayo se reúnen en este lugar bomberos y pueblo en general para recordar a las víctimas y honrar a los heroicos participantes. En este año se cumplirá el 130 aniversario de aquellos tristes acontecimientos y, como es tradición, se realizará un acto para colocar una ofrenda floral ante la tarja a los mártires, organizado en coordinación con la jefatura del Cuerpo de Bomberos de Cuba”, manifestó.

Nuevo diseño para la Sala de Bomberos

“En el año 2000, luego de cinco años de su apertura, se le da mantenimiento a esa sala con un nuevo montaje museográfico. Asimismo, se realizan excavaciones arqueológicas por especialistas del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador, para comprobar la información relativa al incendio. Luego, en 2019, tras una restauración integral, se rehabilita el espacio, con un nuevo diseño museográfico acorde a la conmemoración”, destacó Edith Aguado.

A propósito del aniversario 500 de La Habana, la Sala de Bomberos reabrió sus puertas al público, con un nuevo diseño museológico y expositivo. Este espacio exhibe una colección de bienes patrimoniales relacionados con los dos cuerpos de bomberos que existieron en la ciudad de La Habana. Una tarja de mármol colocada en la fachada, elaborada a solicitud del Cuerpo de Bomberos del Comercio a finales del siglo xix, recuerda los sucesos y los nombres de los fallecidos. Entre ellos, Juan J. Musset, Francisco Ordóñez y Oscar Conill (Bomberos del Comercio); Andrés Zencoviech, Carlos Rodríguez y Miguel Pereira (Bomberos Municipales); así como Antonio Suárez, de la Armada; y del Orden Público Francisco Botella, Antonio Romero y Amador López.

El visitante que recorre el lugar puede apreciar en cuatro vitrinas, dispuestas en las paredes norte y sur, uniformes de gala de inicios del siglo xx, la parte superior de un casco de los bomberos del comercio, dos pitones de mangueras, hachas, megáfonos o bocinas y medallas conmemorativas, entre otros objetos. A su vez, en el centro se expone la bomba de vapor de tracción animal Miguel Gener, utilizada por los Bomberos Municipales (Ayuntamiento de La Habana, 1901), y un extinguidor de tracción humana de 350 libras del siglo xix. Enriquecen la información reproducciones de las fotografías de José de la Carrera de los escombros en el lugar del incendio, del sepelio y entierro, así como instantáneas e información del Mausoleo de la Necrópolis de Colón.

Además de la información gráfica y visual, complementa el espacio una pintura mural del artista Juan Carlos Pérez Botello, que recrea las labores de rescate realizadas tras el incendio. Imágenes de ediciones postales alegóricas a los bomberos y un carro utilizado por los rescatistas a la usanza de la época, son otros de sus atractivos.

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