Evocan natalicio del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, el fundador

Por Teresa de Jesús Torres Espinosa

La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH) fue “una novedad dentro del contexto de las instituciones cubanas. Su fundador venía ya, de lejos, creando un sistema institucional que fuera útil a la armónica estructura de la Cuba que su generación vanguardista deseó realizar para nuestro país”, señaló el Dr. Eusebio Leal Spengler en el acto por el aniversario 129 del natalicio del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring.

Al referirse al contexto del nacimiento de su predecesor, un 23 de agosto de 1889, el actual Historiador de la Ciudad indicó que “esos hombres y mujeres tuvieron un pie en el siglo XIX y otro en el XX. Habían alcanzado la adolescencia en los años postreros de la dominación española, vivieron la intervención militar norteamericana y contemplaron también el nacimiento de la República (…)”.

“Martí tuvo la habilidad, la capacidad, la fiereza para ir articulando la unidad indispensable para el regreso”, dijo sobre la guerra de 1895, “fruto de la imaginación y de la creación articulada del Apóstol, quien logró el proyecto de devolver a Cuba a los que estaban absolutamente distanciados después de haber chocado contra una pared al reintentar nuevamente aquel gran esfuerzo (la guerra del 1868)”.

Esas aspiraciones, indicó el intelectual, fueron interrumpidas por el acontecimiento azaroso de su caída tan temprana a los 42 años. ¿Qué se puede hacer hasta los 42 años? A partir de ahí, ningún adjetivo, ni Apóstol, ni maestro, ni guía supremo, ni líder del Partido Revolucionario Cubano, son suficientes para ponderar lo que debió escribir, a veces en esos largos viajes.

Agregó que “su obra fue infinita, pero no podía llevarla a cabo sin contar con otros que no eran solo hombres de armas, sino también de pensamiento, (…) particularmente Antonio Maceo, hombre tan singular en el cuadro de la historicidad cubana. (…) Y el tercer elemento, Máximo Gómez.

“En cuanto a los hombres puramente de letras y de pensamiento, siempre tenían que luchar primero contra su inadaptación a la vida montaraz y difícil del mambí. En los Poetas de la Guerra, que Boloña va a reeditar facsimilarmente en ocasión del aniversario 150 que conmemoramos este año, aparecen estos bardos con un prólogo de Martí esencial, en que subraya cómo toda aquella visión literaria de Cuba, de lo bello, de lo hermoso y abstracto de lo cubano, fue suscrito con la sangre de la casi totalidad de los poetas.

“En ese tiempo posterior se formó el carácter de Fernando (Ortiz), de Emilio (Roig), y el de los grandes hombres que se reunieron luego en la égida fundacional de a quien todo el mundo llamaba, cariñosamente, y hasta el último día de su vida, “Emilito”.

Posteriormente, Leal abordó el tema de la forja de la cultura política de Roig de Leuchsenring y cómo la abogacía quedó en la base de su conocimiento historiográfico, al no ser su verdadera vocación, sino la complacencia a los padres.

“Comenzó a elucubrar la Sociedad Cubana de Estudios Históricos Internacionales, a pensar en cómo diseñar a través del uso de la prensa, de la palabra viva que este patio tantas veces escuchó, un proyecto intelectual adecuado para Cuba, en el cual una materia como es la preservación y el valor de los monumentos para la educación pública, patriótica, social y humana jugara un papel importante. Como cuando funda la Comisión Nacional de Monumentos y la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, donde se une a Don Fernando Ortiz en ese propósito (…).”

Dijo que como periodista, escribió en la revista El Fígaro, “o en el medio de prensa que era como una ola de aquel tiempo, y que él y Conrado Massager transformaron en una revista de pensamiento y de vanguardia, en el diseño y también en el decir: Social.Se comprometió a escribir en Bohemia, Carteles, y el Diario de la Marina cuando tuvo un espacio de apertura progresista. “Emilito fue un fundador”, sostuvo.

Asimismo, destacó los esfuerzos del Dr. Roig por la publicación de las Actas Capitulares, que “hoy reciben aquí merecido homenaje, y son Patrimonio de la Humanidad, escríbalo o no en el índice. (…)” Evocó los esfuerzos de su predecesor por la creación de la ansiada Biblioteca Nacional, pública, acudiendo a colegas y amigos que como él reconocían en el libro un objeto de culto, de fuente de conocimiento colectivo y no individual. “Emilito concibió la idea de hablar con todos y cada uno de ellos para copiar sus ficheros y así poner los textos, pertenecientes a esas bibliotecas particulares, a disposición de investigadores”.

En otro momento, el Dr. Leal recordó cómo lo conoció personalmente, lo apoyó, y se convirtió en su sucesor, por la entrega y la misma pasión contagiada, tras su triste pérdida. “El 8 de agosto de 1964 murió el Doctor. Todo terminó con él, como suele pasar cuando estamos en el tránsito desde el subdesarrollo a un estadío superior, la desmemoria y el olvido. Vino el gran desastre (…) Por eso no se celebra ese día. Celebramos el 23, un día como hoy en que nació en Acosta núm. 40, cerca del Convento de Belén, el colegio donde estudió y fue buen alumno; donde estudiarían también Carlos J. Finlay y otros grandes cubanos, como Eduardo Chibás, quien también fue su amigo a pesar de que Emilio Roig nunca militó en ningún partido político”.

Manifestó el Historiador de la Ciudad que Roig “era un hombre de izquierda, absolutamente laico, opuesto totalmente a la irrupción de la cuestión religiosa en la educación pública. Protagonizó una de las más grandes campañas que se hicieron en Cuba por una escuela cubana, libre. Luchó por un culto y respeto al magisterio cubano. Fue profundamente antiimperialista y apoyó a Mella en la fundación de la Liga Antiimperialista y en la creación de la Universidad Popular José Martí.

“Es mi deber en un día como hoy decir que lo que tenemos costó mucho trabajo, porque cuando se cerró su féretro en el cementerio, meses después, la OHCH dejó de existir”. Expresó Leal su gratitud pública a la Dra. Violeta Serrano, que fue designada para que ocupara la administración y el tránsito. “Esto no habría sido posible sin el apoyo de María Benítez, quien fue extremadamente generosa al designarme discípulo de Roig, porque había otros, y me escogió, yo que era un descamisado, un loco que entraba aquí a buscar libros”. A partir de allí comenzó la guerra, una guerra larga”

Más adelante, Leal dijo que le complacía mucho volver al punto de partida, en alusión a los 80 años que se cumplen, este 2018, de la creación de la OHCH por Roig de Leuchsenring.

“Hoy tenemos un archivo, pero no con los 100 libros con los que me quedé, un sistema de museos, un Colegio Universitario, un Plan Maestro, una escuela taller, una Dirección de Patrimonio… Hoy la memoria está entre ustedes..

“Emilio Roig de Leuchsenring. Su nombre se recuerda gracias a que la institución que él fundó vive, si no le tocaría el rincón oscuro que ha tocado a otros cubanos no menos meritorios; pero cuando hay frágil memoria las cosas se olvidan y hay que volver a empezar, a investigar lo que otros ya investigaron, a descubrir lo que otros ya descubrieron. Ese no es nuestro caso”, finalizó Eusebio Leal.

La ceremonia de recordación, que tuvo por sede el Palacio de Lombillo, en la Plaza de la Catedral -donde se trasladó la OHCH luego de su fundación en el Palacio de los Capitanes Generales-, acogió también la apertura de la muestra Actas Capitulares de La Habana, dedicada al nacimiento del Dr. Roig.

Con investigación y curaduría de Natacha Moreira y Ana Lourdes Insua, especialistas del Archivo Histórico de la OHCH, se trata de una “exposición homenaje a Roig por su visión de futuro respecto a la preservación para la historia de la nación, de las Actas Capitulares; a Leal por la continuidad y expansión de la obra de su predecesor; a la OHCH por contar con un aval prestigioso en favor de la cultura nacional y al Archivo Histórico que, junto a la Oficina, transita por sus ocho décadas de labor con idéntica premisa: el rescate, la protección y la difusión del patrimonio documental”.

 

 

 

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