Gabinete arqueológico: Un espejo de la cultura

Tomado del sitio web Granma

Por: | marta@granma.cu

El catálogo arqueológico califica como un instrumento cultural que también nos ayuda a descubrir misterios y elementos interesantísimos sobre la supervivencia e imaginería de los aborígenes cubanos

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Nuestros orígenes como seres hu­manos, tienen un espejo singular en la arqueología. Desde las osamentas hasta la obra manual y mecánica, conforman la vida de un pueblo, junto a la historia de los hechos que protagoniza.

Razones, entre otras válidas, para reconocer la importancia del décimo anuario editado por el Ga­binete de Arqueología de la Ofi­cina del His­toriador de la ciudad de La Habana.

Impensables muestras de huellas aborígenes de Cuba que parecen lejanas en nuestros rostros físicos; hallazgos referentes a las invasiones furtivas de naves piratas, objetos aún existentes  descubiertos por nuestros arqueólogos, quienes dan fe de costumbres centenarias enterradas por el tiempo, en el ámbito rural o urbano.

Huellas o restos aún recuperables de objetos mecánicos, como las lí­neas de los tranvías de la ciudad es­tán contenidas en el referido catálogo, instrumento sobre la maravilla que es la ciencia y arte arqueológicos. Seguramente pronto se hallará en bibliotecas del país e instituciones científicas, de arte e informativas.

Según suscribe el doctor Eusebio Leal, Historiador de la ciudad, y director del Gabinete de Ar­queo­logía, conjuntamente con sus colaboradores especializados, en este décimo anuario el volumen actualiza una síntesis del trabajo de campo en  Cuba, ya sean áreas terrestres, e incluso el litoral y los muelles, como de La Machina, por ejemplo.

El catálogo arqueológico califica como un instrumento cultural de excepción que, además de descubrir misterios, tiene la noble tarea de corregir errores de la tradición oral que subestima, en muchos casos, elementos interesantísimos sobre la supervivencia e imaginería de los aborígenes cubanos.

Se pondera en el catálogo la me­ticu­losa labor del Gabinete en sus proyectos editoriales como El Caribe Arqueológico. Este anuario está enriquecido por 243 ilustraciones —al­gunas a color— las cuales apoyan los resultados de la labor investigativa de los arqueólogos cubanos.

La entrega hace honor a los constructores navales, que los hubo desde el siglo XVI, y muy especialmente, además, a los integrantes del Cuerpo de bomberos de La Habana que perecieron en el incendio de la ferretería Isasi y Cia. (Mercaderes 162).  En  tanto, la remoción de su enclave condujo a excavaciones arqueológicas que han ofrecido una muestra invaluable de objetos cerámicos, metálicos, de porcelana y otros de pasados siglos.

No falta la entrega de las más precisas informaciones arqueológicas de los cafetales franceses de Santiago de Cuba —ciudad en vísperas de su medio milenio—, como el de la Isabélica, en la Gran Piedra. Ni tampoco escapa la historia arqueológica de los famosos tinajones de Camagüey. Un próximo catálogo ha de dar fe del trabajo arqueológico que se realizó recientemente en las remociones de tierra del Mariel, donde fue encontrado un cementerio de culíeschinos ingresados a Cuba a mediados del siglo XIX para trabajos prácticamente de esclavos.

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