II Encuentro de jóvenes pianistas: algo más que una temporada de conciertos en La Habana

Por Claudia Fallarero
Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas

Avanzan vertiginosamente las semanas del II Encuentro de Jóvenes Pianistas, que se celebra en La Habana desde el pasado 5 de junio al amparo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el Instituto Cubano de la Música y el Centro Nacional de la Música de Concierto. Hemos contado hasta la fecha con la interpretación de numerosos pianistas cubanos y de otros países junto a la valiosa asistencia de la Orquesta Sinfónica Nacional y su titular, el maestro Enrique Pérez Mesa, y bajo la coordinación del Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas y la dirección general del pedagogo cubano Salomón Gadles Mikowsky

Con el paso de los días y los sucesivos conciertos en las salas del Centro Histórico, el público va generando una necesidad del Encuentro, que desde ya se traduce en un hábito de asistir los jueves y domingos al Teatro Martí e incluso a los extraordinarios recitales para piano solo, que tienen lugar cada viernes y sábado en la sala Cervantes y la Basílica Menor del Convento San Francisco, aun con la persistente lluvia de verano que nos acompaña algunas tardes de esta temporada.

A las increíbles sutilezas para la ejecución e impresionantes dominios de los planos dinámicos y la pedalización que subrayábamos en el I Encuentro en 2013 como algunas de las peculiaridades más sorprendentes en los alumnos de Salomón Mikowsky, este año debemos añadir un ingrediente de su receta como profesor que redunda en el resultado visual de la interpretación que realizan sus estudiantes. Y es que a la vista resalta el modo «fácil» en que los actuales y ex-alumnos de Mikowsky se relacionan con el piano, como si el esfuerzo que físicamente se requiere para tocar forte, por ejemplo, o ejecutar pasajes rápidos y virtuosos, no implicara un intenso desgaste muscular que es invisible en estos pianistas. Cada plano sonoro, cada matiz, es logrado con una absoluta relajación de todo el cuerpo, lección que se debe convertir en referente para los estudiantes de piano locales que asisten a percibir cada espectáculo.

Del mismo modo es sugerente la elección de los repertorios que los alumnos de Salomón presentan al público. Ningún compositor es «menor» y ninguna obra es desestimada si es coherente con las cualidades físicas y psicológicas de cada intérprete. Sobre ese tema abundaba Mikowsky en la presentación del más reciente libro que aborda su impronta, titulado El legado pianístico pedagógico de Salomón Gadles Mikowsky de la autora Kookhee Hong, con prólogo de Leo Brouwer y publicado por Ediciones Boloña de la Oficina del Historiador. Por su parte Salomón exponía en la presentación de dicho texto ―que tuvo lugar el sábado 14 en la Basílica, como antesala del recital del pianista Edward Neeman―: «no es un libro sobre cómo aprender a tocar el piano, hay cosas que no se pueden aprender leyendo un libro, una de ellas es tocar el piano».

Relativo a las jornadas de conciertos de los últimos días, el viernes 13 en la sala Cervantes ocurrió lo que ha sido uno de los mejores recitales de II Encuentro protagonizado por la ucraniana Inesa Sinkevych, asistente del maestro Salomón en Manhattan School of Music de New York. Sinkevych es una pianista de una sensibilidad exquisita, expresiva y virtuosa, con un sonido a veces lleno y otras muy lírico, que conduce la atención del oyente justamente hasta donde quiere, tal como lo demostró en cada obra del recorrido estilístico del viernes 13 que agrupó a sonatas de Scarlatti, la difícil Sonata Nº 3 de Brahms, dos preludios de Debussy y la Sonata Nº 6 de Prokófiev. Es una pianista sumamente competente generando «ambientes sonoros» para la cual no existen pasajes triviales, pues a cada fragmento le imprime la intención necesaria.

Otro recital de excelencia fue el de Edward Neeman (Estados Unidos) el sábado 14 en la Basílica. Tal como predijera Salomón, Neeman es un experto intérprete de la música francesa y ello se percibió en su ejecución de Gaspard de la nuit de Ravel, momento en que el tiempo se detuvo y estuvimos sumidos sin prisa en la vaguedad del lenguaje impresionista. El resto del programa contó con obras de introspección filosófica planteadas como «disertaciones» musicales ―fantasías de Mendelssohn y Betthoven y las Variaciones sobre un tema de Paganini de Brahms― que Neeman resolvió igualmente con gran maestría apoyado por la acústica inigualable de la Basílica. Casi al final propuso una obra de Juan Piñera titulada El libro de música de la ciudad celeste con alusiones intertextuales a conocidos temas cubanos como Son de la loma. El repertorio de Piñera es sin dudas uno de los elementos habituales de estos encuentros de jóvenes pianistas si sumamos la puesta de obras de su autoría que han sucedido en la pasada y la actual edición. Para las obras de Piñera presentadas en este II Encuentro, interpretadas primero por Moutouzkine y esta vez por Neeman, los pianistas han contado con la asesoría de su autor, quien, al igual que el compositor Roberto Valera, han sido participantes sistemáticos a conciertos y ensayos.

Para la mañana del domingo 15 aparecieron, por primera vez, dos jovencitos exponentes de la academia cubana de piano. Se trató del más pequeño, Rodrigo García —con solo 16 años— y Gabriela Pineda, ambos alumnos del maestro Aldo López-Gavilán que presentaron en la sala Cervantes, ante numeroso público, programas diseñados como acostumbra la escuela cubana: preludio y fuga de Bach, estudios y piezas románticas, obras varias de principios del XX y finalmente piezas contemporáneas y de compositores cubanos, en este caso precisamente de Aldo López-Gavilán y Carlos Fariñas.

De vuelta al Martí, la noche del domingo ocurrió la interpretación de otro concierto de Beethoven, esta vez el Nº 4 con Sinkevych como solista, secundado por la coreana Kho Woon Kim con el Concierto No.1 de Liszt, quien supo imponer un sorprendente tempo rápido a la orquesta, reto aceptado y vencido por el maestro Pérez Mesa. Así, no sólo es admirable la calidad de los pianistas que desfilan por las salas de conciertos durante este Encuentro, sino también el considerable nivel que progresivamente exhibe la Orquesta Sinfónica Nacional, fruto de los numerosos ensayos que han debido rendir para acometer la tarea de acompañar a quince solistas en apenas un mes.

Este jueves 19, en la apertura de lo que es ya la tercera jornada del Encuentro, han subido al escenario del Martí la pianista Sofya Melikyan (Armenia) y la esperada Wenqiao Jiang (China), quien en el I Encuentro nos presentó la integral de las 40 Danzas para piano de Ignacio Cervantes. Melikyan ejecutó el Concierto Nº 2 de Saint-Saëns y como uno de los encore el Preludio de Sofía ―haciendo honor a su nombre― de José María Vitier. Por su parte Wenqiao interpretó el Concierto en la menor de Schumann con una maestría que sorprende cada vez más ―a pesar de contar sólo con 16 años de edad―, seguido de la Danza de los ñáñigos de Lecuona y el estudio de concierto La ligereza de Liszt.

 

 

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