Habana Cultural

La Habana que nos dejó Leal

Yimel Díaz Malmierca

El 11 de septiembre de 1942 nació en La Habana Eusebio Leal Spengler. La ciudad que lo vio crecer terminaría convirtiéndose en el centro de su vida, se consagró a conocerla, defenderla y devolverle buena parte de su esplendor.

Su infancia transcurrió en un entorno humilde. Desde muy temprano conoció las dificultades materiales y tuvo que abandonar los estudios para contribuir al sustento familiar. Aquella circunstancia, sin embargo, no clausuró su vocación por el conocimiento. La lectura, la curiosidad y una extraordinaria capacidad de aprendizaje hicieron de él un autodidacta.

A los 16 años comenzó a trabajar en la Administración Metropolitana de La Habana. Allí entró en contacto con la ciudad y descubrió que existe una forma diferente de mirarla: no solo como espacio cotidiano, sino como un organismo vivo, cargado de memoria, historias, edificios, personajes y símbolos.

Fue entonces cuando apareció en su camino una figura decisiva: Emilio Roig de Leuchsenring


El encuentro con Emilito

Emilio Roig de Leuchsenring fue, desde 1935, el Historiador de la Ciudad de La Habana, primero en ocupar tal responsabilidad. Desde la Oficina del Historiador, creada en 1938, desarrolló una intensa labor de investigación, divulgación y defensa del patrimonio habanero.

Para Leal, conocerlo fue mucho más que el descubrimiento de un maestro: significaría encontrar una vocación y, con ella, una responsabilidad.

Roig murió el 8 de agosto de 1964. Tres años después, en 1967, Eusebio Leal, con apenas 25 años, fue designado director del Museo de la Ciudad y continuó el camino trazado por su maestro. Se convertía así en su heredero y continuador, no en un simple repetidor de su obra.

La relación entre ambos constituyó una suerte de relevo generacional. Roig había defendido la necesidad de estudiar y preservar la memoria de La Habana; Leal llevaría ese principio a una dimensión nueva, convirtiendo la recuperación física de la ciudad en un proyecto de país, con implicaciones culturales, sociales y económicas de alcance mayor.

Aprender para restaurar

El camino de Leal estuvo marcado por una voluntad de superación poco común. Después de años de formación autodidacta, realizó los exámenes de suficiencia académica que le permitieron ingresar en la Universidad de La Habana. Entre 1974 y 1979 cursó la Licenciatura en Historia.

Pero su verdadera universidad también estuvo en los archivos, los museos, las calles y las obras de restauración.

En diciembre de 1967 comenzaron los trabajos para devolver su antiguo esplendor al Palacio de los Capitanes Generales, destinado a convertirse en Museo de la Ciudad. Aquella intervención fue el punto de partida de un proceso que transformaría progresivamente la imagen de La Habana Vieja.

Leal comprendió que restaurar no podía significar únicamente reparar fachadas. Una ciudad histórica no podía convertirse en escenario congelado para visitantes. Tenía que continuar siendo una ciudad habitada, con escuelas, viviendas, servicios, espacios culturales y oportunidades para sus habitantes.

Ese principio acompañaría su gestión hasta el fin de sus días. La declaración del Centro Histórico de La Habana y su sistema de fortificaciones como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, en 1982, otorgó reconocimiento internacional a un proceso que ya estaba en marcha. A partir de entonces, la restauración adquirió una dimensión todavía mayor.

Una obra que se volvió modelo

En 1981, la Oficina del Historiador comenzó a coordinar, por mandato del Estado cubano, los planes de rehabilitación del Centro Histórico. Con el tiempo, Leal impulsó un modelo de gestión que vinculó patrimonio, cultura, economía y desarrollo social. La crisis económica de los años noventa obligó a buscar nuevas fórmulas para sostener una obra que exigía recursos permanentes. La creación de un sistema de gestión económica propio permitió que determinadas actividades generaran ingresos destinados a financiar la restauración y los programas sociales del Centro Histórico.

Pero acaso una de las mayores aportaciones de Leal fue haber entendido las dinámicas de restaurar una ciudad habitada, por eso la recuperación de La Habana Vieja incorporó viviendas, escuelas, centros de atención social, espacios culturales, servicios para personas mayores y otros proyectos destinados a mejorar la calidad de vida de la comunidad.

La obra dejó de ser exclusivamente constructiva para convertirse en una forma de intervenir la ciudad y la vida de sus habitantes.

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La memoria vuelve a caminar

A seis años de su fallecimiento, Eusebio Leal continúa apareciendo en las calles que recorrió durante décadas, en los museos que ayudó a concebir, en las instituciones que impulsó y, sobre todo, en una manera de entender el patrimonio como parte inseparable de la identidad.

Ese espíritu estará presente durante septiembre en el Centro Histórico, cuando las instituciones de la Oficina del Historiador conmemoren el aniversario 84 de su natalicio.

La jornada comenzará el viernes 4 de septiembre con el inicio del curso escolar en las Aulas Museo y el Festival Infantil Fiñes. Ese mismo día quedará inaugurada la exposición “Emilio Roig y Eusebio Leal: dos grandes coleccionistas”, una propuesta especialmente significativa por reunir, desde el patrimonio y las colecciones, a maestro y discípulo.

El programa incluye además Leal entre nosotros V y La memoria de La Huella, mientras que Tres colosos, una sola Cuba rendirá homenaje conjuntamente a Leal y a los cineastas Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea en la Casa Titón y Mirtha.

La fecha central será el viernes 11 de septiembre, ocasión en la que la Orquesta de Cámara del Lyceum Mozartiano ofrecerá un concierto y el fotógrafo Roberto Chile inaugurará la exposición “Visiones compartidas”en la Casa de México Benito Juárez.

El homenaje se extenderá durante todo el mes con Conexiones íntimas, de Adrián Sancho, y Los de abajo, de Roniel Llerena, además de los concursos Voces y rostros de habaneras y Julio, Eusebio y yo. La programación también propone talleres y actividades dirigidos a la infancia.

La agenda cultural de septiembre incorpora, asimismo, la apertura de la Casa Brasil, el debut en Cuba del tenor griego Yannis Filias y la jornada Género, Cimarronaje y Patrimonio, en el Museo Casa de África, dedicada al aniversario 52 de las relaciones entre Cuba y Senegal.

Continuar la obra

Recordar a Leal no puede reducirse a enumerar edificios restaurados ni a aquella imagen sembrada en el imaginario del Centro Histórico del hombre de camisa y pantalón gris que caminaba diariamente por las calles de La Habana Vieja.

Su mayor legado está en pensar el pasado y futuro de la urbe sin renunciar al presente. Una ciudad patrimonial que pertenece, antes que nada, a quienes la habitan; donde la cultura, la investigación histórica, la arquitectura, la educación y la acción social forman parte de un mismo propósito.

Ese legado adquiere especial valor ante los desafíos que enfrenta hoy la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana: continuar la rehabilitación de un patrimonio vastísimo, atender el deterioro acumulado de inmuebles y espacios públicos, preservar las condiciones de vida de la población residente, sostener los servicios culturales y sociales y encontrar alternativas para financiar una labor que requiere recursos permanentes.

A ello se suman los efectos del tiempo, los eventos meteorológicos extremos, la severa crisis económica que atraviesa Cuba hoy y las transformaciones que experimenta una ciudad que supera el medio siglo de existencia. El propio Leal advertía que, fuera de las áreas ya recuperadas, La Habana reclamaba una intervención cada vez más urgente.

La tarea es enorme. Pero también lo es la reserva de capital humano y experiencias acumuladas. Bajo la tutela de Leal se formaron, durante décadas, restauradores, arquitectos, ingenieros, museólogos, historiadores, trabajadores de la cultura, gestores… profesionales que constituyen el más importante capital de la OHCH, cuya labor resulta esencial para formar esa conciencia patrimonial que hoy forma parte de la ciudad.

Eusebio Leal recibió de Emilio Roig una obra y una responsabilidad. Supo hacerlas crecer hasta convertirlas en un proyecto de ciudad. Ahora corresponde a nuevas generaciones mantener vivo ese legado, renovarlo y hacerlo avanzar.

Una ciudad no se salva de una vez y para siempre. Se salva cada día, cuando alguien decide conocerla, cuidarla y trabajar por ella. Esa es, quizás, la forma más profunda de celebrar los 84 años del hombre que hizo de La Habana una razón para vivir.

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